La gran cantidad de tratamientos, productos y recursos estéticos para el cuidado del cuerpo y el rostro que existen actualmente ha llevado a que, muchas veces, este tipo de procedimientos hayan pasado a ser acciones regulares, mecánicas, y a veces, un poco superficiales.

Con esto queremos decir, que algunas personas se hacen cirugías y tratamientos estéticos sin terminar de comprender cabalmente que es la propia salud la que está en juego.

Creemos que, una intervención relacionada con la belleza física no solo implica un cambio externo, para que esto sea realmente reparador y sano debemos acompañarlo con un cambio interno. Un viaje o una escapada turística puede ser el complemento ideal para un momento de verdadera renovación.

Para algunos advertir sobre la peligrosidad de centrarse solo en el aspecto externo de una intervención, puede resultar una exageración; pero no lo es. De hecho, existe un nombre científico para este problema: trastorno dismórfico corporal.

Se trata de una patología que consiste en la percepción exagerada o extrema de un defecto físico leve o incluso inexistente, pero que es visto de esa forma por la propia persona.

Esta condición se relaciona con otros problemas, como la adicción a las operaciones de estética. Aproximadamente un 2 por ciento de la población en el mundo sufre este tipo de problema. Desde este post queremos transmitir la idea contraria.

Siempre que esté en las posibilidades económicas, resulta muy gratificante tomar un descanso en el momento que se decide realizar cualquier tipo de intervención de esta naturaleza. En el salón de estética y belleza Probella coinciden con esta mirada.

Y es que cualquiera sea el procedimiento elegido, un tratamiento con bótox, lifting facial, mesoterapia o una cirugía de aumentos de senos, todos estas acciones deben ser acompañadas por una transformación y una reflexión a conciencia sobre lo que se va a hacer en nuestro cuerpo.

Una alteración de este estilo puede ser una oportunidad para renovar o cambiar aspectos internos por ejemplo, lograr una mayor seguridad. Sentirse mejor a partir de un pequeño cambio estético, puede contribuir a mejorar la autoestima, e incluso puede ser una buena excusa para modificar hábitos o cuestiones que nos molestan.


Un ejemplo típico es la caída del cabello. Es verdad que algunas personas se guían por una búsqueda online del tipo implante capilar precio para decidirse por una opción sobre otra. No obstante es importante advertir la importancia que tiene en la gran mayoría de estos casos lograr el cambio estético para mejorar la vida emocional.

Tener pelo se relaciona desde tiempos históricos con la virilidad y la astucia, y en cierto sentido, esta idea se ha mantenido con más o menos variantes en la sociedad y la autopercepción de muchos hombres y también mujeres.

Por supuesto que esta situación no provoca de por sí una baja en la autoestima, sino que si ésta ya está disminuida, la caída del cabello la acentuará aún más.

Estos aspectos nos lleva a pensar en la importancia emocional que a veces implica decidirse hacer un cambio estético. Tomarse un descanso en paralelo a determinadas intervenciones y acompañar estos cambios con una escapada turística que sirva para recargar energías y darse tiempo para la reflexión, puede potenciar y aumentar los beneficios de un tratamiento de este estilo.